GIRO SOBRE GIRO

FRACTURA (FRACTURED, BRAD ANDERSON,2019)

Fractura es un thriller que utiliza la psicología como vehículo para que nos enfrentemos a una dicotomía que suena añeja: Ray (Sam Worthington) quiere encontrar a su mujer e hija desaparecidas durante el ingreso en un hospital, pero el personal le asegura que ambas jamás han pisado el recinto. Nuestro trabajo será decidir cuál de las dos es la verdadera, pero nadie nos podrá librar de cierta repetitividad en la trama, en la que no tendremos elección.

Brad Anderson se ha labrado su carrera cinematográfica como director tanto de cine como de televisión, trabajando en capítulos de producciones como Boardwalf Empire, 2010 ; The wire, 2012; The killing, 2011 o The Sinner, 2017; y en películas como Session 9, 2001; The maquinist (El maquinista, 2004) y Beirut (El Rehén, 2018)

En Fractura consigue sacar rendimiento a la presión psicológica del protagonista, Ray, Sam Worthington, (The debt, La deuda, Diarmoid Lawrence, 2010; Furia de Titanes, Louis Leterrier, 2010; Ira de Titanes, Jonathan Liebesman 2012), que ha podido sacar algo de tiempo entre los rodajes de las infinitas secuelas de Avatar, de James Cameron, para ponerse a la cabeza del reparto.

La película del confiable comerciante del género Brad Anderson, recuerda una gran cantidad de thrillers, desde Fligtplan (Plan de Vuelo: Desaparecida, Robert Schwemtke, 2005); Unknow ( Sin Salida, Jaume Collet-Serra, 2011) o Shutter Island, Martin Scorsese, 2010), hasta Dream House (Detrás de las paredes, Jim Sheridan, 2011)

A poco que se le preste algo de atención a las escenas que van sucediendo en el hospital, rápidamente podremos desentrañar la superficial madeja de lana que el guión intenta complicar, con tretas y diálogos tramposos, que no acaban de casar con lo que de verdad está ocurriendo.

Al igual que su personaje principal, Fractura nos mantiene en la sala de espera en buena parte de la película, hasta que se descubre el esperado giro final. Mientras tanto van desfilando personajes secundarios típicos (médicos, enfermeras, psicólogos, policías …), que se limitan a contradecir todo el relato que les presenta Ray. Si queremos sacar algo de contenido a la película, se observa, indirectamente, una crítica a la realidad de la sanidad pública norteamericana, así como al trato impersonal y el exceso de burocracia.

Sam Worthington ofrece una actuación tensa de manera efectiva, haciéndonos sentir simpatía por la difícil situación de su personaje. El aire despistado e inexpresivo de Worthington, tan irritante en otras ocasiones, refuerza aquí la atmósfera neblinosa de toda la experiencia. Desafortunadamente todo se desarrolla de manera completamente tediosa, teniendo toda la urgencia de ver a alguien tener una discusión acalorada con su representante de seguros médicos. La película también nos desgasta con sus continuas revisiones, hasta un final que aunque no del todo difícil de ver, se siente irremediablemente inútil.

Hay una sensación de aprensión debilitada, unida a nervios, en parte porque sabemos que algo siniestro está en marcha, pero sobre todo porque hemos estado aquí antes, y tenemos una buena idea de a dónde nos dirigimos.

Brad Anderson deja claro que lo que le interesa a él es el misterio: es el suspense puro de ribetes hitchcocknianos e inspirado en los códigos instituidos por el maestro en The Lady Vanishes ( Alarma en el expreso, 1938).

Hay algo de previsibilidad en la maquinaria de suspense que propone Frantura que no incomoda, pese a que el espectador habitual del género irá en todo momento unos pasos por delante de esta propuesta de Netflix. Sin embargo, lo atinado de las interpretaciones, la concisión de su propuesta y, sobre todo, la precisión en la puesta en escena, la convierte en un caramelo que se traga con gusto, aunque nos sepamos el sabor de memoria. Muy pocas sorpresas en un guión que debería presentarlas cada pocos minutos. El espectador avispado se olerá los compases finales, pero nada importa porque Anderson convierte toda la aventura en un producto fantástico que muy a duras penas se acerca a la realidad.

La sensación de que no hay escapatoria de este cepo para osos, es un subtexto interesante. A ello ayuda una puesta en escena rebosante de de planos deformados, ojos de pez, primeros planos y un buen uso del montaje, que nos ayuda a sumergirnos en la mente del protagonista.

Netflix nos presenta una nueva película de intriga con una buena factura técnica, donde la fotografía es resultona, la dirección aceptable y la puesta en escena acertada. Además, y como suele ser habitual en la plataforma, el punto de partida de la historia es interesante. Sin embargo, a penas transciende más allá de su planteamiento. Los personajes tenían oportunidad para brillar, el pasado de su protagonista podría haber construido, junto a la buena localización, un ambiente no sólo opresivo, sino también terrorífico. Todas las opciones se quedan por el camino tras los primeros 20 minutos; a partir de entonces, sólo nos queda sentarnos y ver una película entretenida a ratos, que pierde fuerza con el paso de los minutos y saltar al siguiente contenido.

Begoña Cervigón Maruri

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